En un acto de humildad inédita, Édith Piaf silenció su voz para que París descubriera la guitarra de un «marciano» llamado Atahualpa Yupanqui. París, a finales de los años 40, era una ciudad que respiraba existencialismo y reconstrucción entre el humo de los cigarrillos y la bruma del Sena. En ese escenario de intelectuales y bohemia, bajo la luz tenue del comedor del poeta surrealista Paul Éluard, ocurrió un encuentro improbable que cambiaría la historia del folclore latinoamericano. Atahualpa Yupanqui, un argentino con manos curtidas por el viento de…
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