Cientos de personas acudieron este fin de semana al zoológico de Ueno, en Tokio, para despedirse de Xiao Xiao y Lei Lei, los últimos dos pandas gigantes que permanecían en Japón y que regresarán a China esta semana. El ambiente fue una mezcla de tristeza, nostalgia y entusiasmo contenido, en un momento que no solo cierra un capítulo emocional para el público japonés, sino que también tiene profundas implicaciones diplomáticas, culturales y económicas.
Con la salida de estos gemelos, Japón se quedará sin pandas por primera vez desde 1972, año en que llegaron los primeros ejemplares al país tras la normalización de relaciones con China. No hay planes confirmados para la llegada de nuevos animales, lo que disparó el interés del público y obligó al zoológico a implementar un sistema de lotería para controlar el acceso. Los visitantes, organizados en pequeños grupos y con apenas unos minutos frente a los recintos, aprovecharon cada segundo para observar a los pandas, intercambiar exclamaciones de “kawaii” y capturar un último recuerdo.
Lei Lei y Xiao Xiao, nacidos en 2021, se convirtieron rápidamente en un fenómeno social. Más allá del afecto popular, su presencia tuvo un impacto económico considerable: solo en su primer año abiertos al público, se calcula que generaron más de 30 mil millones de yenes en derrama económica, impulsando el turismo, el consumo de productos temáticos y la afluencia al zoológico de Ueno.
El regreso de los pandas ocurre en un contexto de tensiones diplomáticas entre Japón y China, avivadas recientemente por declaraciones de la primera ministra nipona, Sanae Takaichi, sobre Taiwán. Estas fricciones han sembrado dudas sobre si Pekín permitirá en el futuro el envío de nuevos ejemplares al archipiélago. El Ministerio de Exteriores chino evitó dar una respuesta clara sobre una posible prórroga del acuerdo de cesión, aunque sí alentó a los aficionados japoneses a viajar a China para seguir viendo a estos animales.
Este episodio vuelve a poner en el centro la llamada “diplomacia del panda”, una estrategia mediante la cual China presta pandas gigantes a otros países, pero mantiene siempre la propiedad legal de los animales y de sus crías. Este mecanismo le permite conservar un virtual monopolio mundial sobre la especie y utilizarla como herramienta de soft power. La única excepción notable es Xin Xin, la panda que vive en el Zoológico de Chapultepec, en México, y que no pertenece a China debido a acuerdos firmados antes de que se formalizara esta política.
En Japón, la historia de los pandas está profundamente ligada a la relación bilateral con China. Desde 1972, el país ha albergado y criado a más de una veintena de ejemplares, convirtiéndolos en símbolos de buena voluntad, cooperación y fascinación popular. La despedida de Xiao Xiao y Lei Lei no solo deja recintos vacíos, sino también un sentimiento de incertidumbre sobre el futuro de estos intercambios y sobre el papel que los pandas seguirán jugando en la diplomacia internacional.